Buda en ciernes? Escritor inacabado? Músico latente? Incipiente actor? Amante desinteresado? ¿Poeta? Siempre. ¿Filósofo?... Poblador de la ciudad invisible, nacido en Ur, caminante y guerrero compañero de Gilgamesh, tallador de diamantes o forjador de espadas... seas lo que seas, si entiendes de estos oficios y naturalezas, sigue leyendo. Los demás escuchar: Mis palabras no están hechas para el oído de los peces. Sed pacientes, vigilad... “Tened ceñidos los lomos y encendidas vuestras lámparas”

¿Qué era?
Me encoge el estómago con solo pensarlo, pero ¿en qué estaba pensando?
Ya lo entiendo;
no es mío. El recuerdo no es mío, es un recuerdo robado.
Tiene siempre el mismo olor; se diría que a viejo, que es a polvo, a cuero antiguo que se quiebra como hojas secas... yo, ya he estado aquí, holgazaneando en la cambara del abuelo, abriendo baúles de tesoros solo llenos de ropa y zapatos de esos que pasean guerras de libros. Pero esta es otra casa, otra época... otra edad. Se me encoge el estómago ante el recuerdo y ante la imposible posibilidad de rememorar al ladrón de recuerdos. Es un gentil ladrón, un humilde siervo para complacer a los piratas de recuerdos, siempre a la caza de nuevos lugares que profanar, que cambiar, que mutar en la memoria; para hacerlos más habitables a las criaturas que pueblan mi mente.