Desde que la luz del alba
apuntala la medida de mis pensamientos
el corazón me inunda por dentro
como frugal alimento de mi voraz instinto.
Solo,
buscando mi nuevo plumaje
y un campo de batalla
en el que derramar sudor
o la sangre mía
en tu boca vertida
a la gota que te colme
hasta la siguiente aurora.
Y contemplar las estrellas con tu pecho por almohada
y reducirlo todo a unos ojos
y abandonar la cordura por la sonrisa
y vagar por tu poderoso cuerpo
portentoso
sin dejar de compartir todo aliento...
Aunque en un millón de batallas naufrague,
sin razón zarparé de esos tantos puertos,
a la deriva tras el recuerdo de tu piel
mis inquietos ojos nunca descansarán;
¿Donde hallar la calma, lejos de tu mirada?
Obsérvame;
la ofensa es transigir.
Alzarse sin luz, tras la mañana sin primavera.
¿Es mi destino esta danza de carne sin preámbulos?
¿Este coloquio de ojos huecos?
¿Es todo lo que buscáis?
Así se sirve al enemigo...
Yo no sirvo al hueso sin templanza
busco el hierro incandescente.
Busco el yugo que someta mi orgullo de titán desafiado.
Así...
sostén tú mi mirada,
responde a la afrenta y diluye los temores.
Sostén mi mirada te digo,
dame valor
muéstrame la naturaleza de esta fe insana
que sé existe tras el gozo y el estruendo.
Concédeme un instante sin reflejos,
y yo creeré en ti por siempre.
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